25 de octubre de 2011

Disparates-Narrador

Y continuamos con los relatos. Si he de aportar mi opinión he de decir que este es mi favorito. Adéntrense en el mundo de las doncellas del más allá:





La Fuente de la Princesa

Había una vez un palacio de adobe y paja en el desierto. A pesar de su humilde aspecto, durante siglos había sido un lugar clave en las rutas de los comerciantes de la seda. Allí, nunca nadie era mal recibido.

Los solícitos sirvientes del sultán dispensaban sus atenciones a los recién llegados, y los alojaban en fastuosas salas ricamente adornadas de alfombras y tapices traídos del lejano oriente. Ningún lugar estaba velado para las curiosidades de aquellas gentes sencillas, pues el sultán era un hombre justo y generoso. No obstante, nadie habría de adentrarse en los aposentos de la princesa, pues eso desataría la terrible ira de aquél benefactor.

Por ese motivo, la princesa se había criado sola y casi aislada del bullicioso mundo que zumbaba a su alrededor. Para aplacar la tristeza de la pobre niña, el sultán mandó construir una fuente muy especial en el patio secreto. Reunió a sus consejeros y mandó emisarios, además de mensajes con los mercaderes que se hospedaban en su casa: necesitaba que su regalo fuera perfecto.

No hubo pasado mucho tiempo cuando el más pobre de los alfareros del reino se le presentó cargando con un pequeño fardo en las manos. El sultán, presa de su curiosidad, pidió a aquél valiente hombre que le mostrara aquello que portaba, aunque antes le recordó su rango y su dilatada experiencia en la vida. Los congregados en la sala intercambiaron murmullos de incredulidad y burlas veladas. ¿Qué maravilla podía poseer ese Don Nadie que sorprendiera al hombre más poderoso del desierto?

- Azulejos – explicó el recién llegado, mostrando unas fulgurantes pero pequeñas piezas de cerámica con la forma de un cuadrado.

- Necesito algo más que un espejo donde mi hija pueda admirarse –concedió el sultán con desdén-. Quiero que sus ojos contemplen mundo sin que sus pies abandonen los muros de mi palacio.

- Lo harán, mi señor –aseguró el hombrecillo -. Sentirán amor por aquello que miren.

Quizás fuera por su arrojo, o quizás fuera porque aquél hombre poseyera la seguridad de los locos; el caso es que el sultán le creyó, y cubrió con aquellos esmaltados barros cocidos el fondo de la fuente, siguiendo las órdenes del raquítico alfarero.

La Princesa, como era de esperar, aceptó con incredulidad el presente; más aún cuando escuchó decir que en las noches de luna aquellos azulejos adquirían poderes mágicos.

- ¡Qué disparate! –convino, aunque la curiosidad se la comía por dentro.

No pasaron muchas noches hasta que llegó el esperado momento, y ahí que fue la Princesa con el paso de un escéptico pero nerviosa y emocionada por dentro.

Alá había planeado una noche con luna, así que el astro vespertino se reflejaba en la superficie del agua cómo si estuviera entretenido admirando su propia belleza. La Princesa se sentó decepcionada en el borde de la fuente.

- ¿Qué tiene de mágico un simple reflejo? –murmuró, rompiendo el agua con el golpe seco que ofreció su brazo.

Pero hete aquí que las ondas perpetradas desdibujaron la imagen y parieron una nueva muy distinta y misteriosa. Cómo si la luna tuviera ojos, y la fuente fuera su retina, la Princesa pudo contemplar el tapiz de exquisitas formas que se arremolinaban en el nebuloso líquido elemento.

Pudo reconocer una carretera solitaria, pero muy distinta a las intrincadas callejuelas que recorrían su ciudad. Está era recta y estaba completamente vacía. A los lados, entre algunos edificios sencillos y dispersos, crecían arbustos tupidos y espesos; y eran tantos que, sorprendida, no pudo saber donde acababan sus lindes.

- ¿Qué es este lugar? – susurró sobrecogida-. ¿Qué es ese estruendo, Luna? ¿Lo produce ese extraño animal plateado y metálico?

Aunque la Princesa lo ignoraba en aquellos instantes, la fuente le estaba mostrando otro lugar; un lugar distante y lejano, en el tiempo y en el espacio. No obstante, la muchacha agudizó el oído, pues los ruidos y palabras llegaban a ella amortiguados, distorsionados por el propio discurrir del agua.

La escena mutó poco a poco, y la corriente trajo consigo una nueva perspectiva. Era el rostro de un muchacho; el que había estado cabalgando la moto que tan sorprendida tenía a la Princesa. Su expresión detonaba extrañeza, pues por un segundo habría jurado que una voz le hablaba al oído. Pero nada había allí, sólo él, la luna y su vehículo precariamente aparcado frente a la verja de un instituto. Sacudió la cabeza con incredulidad, sacándose la idea de la mente.

- Es muy hermoso –dijo la Princesa, aunque se tapó la boca con las manos cuando el extraño volvió a escudriñar el cielo con gesto de alarma -. ¡¿Acaso puede oírme?!

El joven giró sobre sí mismo y se paró en seco. Unos ojos verdes cómo un limón inmaduro le observaban desde el espejo retrovisor de su motocicleta. Avanzó decidido, seguro de que era una ilusión óptica. ¿O es que acaso un fantasma rondaba aquella carretera desierta?

Decidido a no distraerse, y a acometer la misión por la que había acudido de noche a aquél paraje en las afueras de la ciudad, se encaramó a los barrotes de la verja y la saltó con sorprendente agilidad. La Princesa, conteniendo el aliento, enfocó de nuevo la escena y le siguió con la mirada.

Con la pericia de un ladrón, el chico abrió las pesadas puertas de entrada casi sin hacer ruido. Dentro del edificio, reinaba el silencio. Aunque, sin saberlo, ahora estaba fuera el campo de visión de las aguas en la fuente de la Princesa, que fueron agitadas por unos dedos y ansiosos, tal y cómo si pasaran las páginas de un libro. Con frenéticos ademanes, el reflejo en el agua fue saltando aleatoriamente por diferentes lugares, texturas y claridades. En aquél momento, la Princesa aún lo desconocía, pero lo que estaba contemplando eran los reflejos que los distintos espejos de la estancia le ofrecían. Al fin, casi cuando estaba a punto de abandonarse a la desesperación, pudo encontrar a su peculiar caballero andante.

El muchacho tenía el cuerpo inclinado sobre una extraña caja lacada y de superficie blanca. Sin duda, andaba buscando algo, y no paraba de extraer botellas, envases y alimentos que amenazaban con caer de sus brazos ya bien llenos. La Princesa aprovechó para echar un rápido vistazo a la habitación, que parecía diminuta e irreal. Lo que más llamó su atención era el hipnótico instrumento colgante del techo que, como los remos de un barco, removía el aire del lugar de manera incansable, controlado por algún tipo genio de invisible.

-¡Más magia! –chilló la Princesa al ver el ventilador eléctrico.

El joven levantó la cabeza. En la boca llevaba un trozo de carne decolorada a medio masticar. Buscó el origen de la voz aterrado y, por primera vez, habló:

- ¿Quién anda ahí?

La Princesa respiró hondo, sopesando la posibilidad de responder a la pregunta del guapo intruso. Por un segundo, pensó en taparse de nuevo la boca con las manos, pero supo que sería inútil. Además, sentía mucha curiosidad, y sus modales le decían que sería descortés no presentarse. Se aclaró la voz y apartó la mirada. Sin siquiera sospecharlo, aquellas primeras palabras serían el preludio de la maravillosa aventura que estaba a punto de acontecer. Sin quiera pensarlo, un nuevo mundo se había abierto en la fuente mágica de la Princesa.


Yo me quedé sin palabras ( nótese que ahora también ) Un beso enorme!


4 comentarios:

Dulce Cautiva dijo...

K bonito!, parece increíble k Narrador pueda seguir mejorando cada vez más... Si ya en su último escrito rozaba la perfección!!!, jejeje. Me ha gustado muchísimo, aunke me ha sabido a poco... Si es k t deja con ganas d más!!!. Felicidades querido amigo!, t desearía suerte con el concurso, pero es k no la vas a necesitar, jejeje.

Saludos pa ti también Loky!!!

Loky dijo...

Yo también opino que es un artista! Besos!

Sherezade dijo...

Hola!

Que bien puesto tiene el nick! Es un narrador excelente =D Muy buena historia

Besitos!

Astarielle dijo...

Nada nada jajjajaja, Narrador kaka jajaja.

Es broma, eskribe d pm, es un makina^^ y el lo sabe:P